Noche fría y con la luz prendida
Hasta no sé qué edad dormí con la luz prendida. Si no era la luz, era la radio y si no quería escuchar ningún sonido pero si algo que alumbre dejaba la tele en silencio, para que haya una luz al despertarme y no desesperarme por saber donde estaba.
A vos te molestaba hasta la luz chiquita que tiene el decodificador del cable y yo, cada vez que dormías conmigo, tapaba esa luz para que puedas descansar.
Con el tiempo y terapia fui aprendiendo a apagar las luces y la tele.. Y los ruidos. Comencé a necesitar silencio para dormir pero algo de luz, por las dudas me hacía sentir más segura; como dormir del lado de la pared mirando hacia la puerta que siempre tiene que estar cerrada.. Y yo siempre tengo que estar tapada.
Con el tiempo empecé a necesitar que solo durmieras conmigo, aprendí a compartir mi cama y hasta un pedacito de placar para tu pijama, arriba de mis remeras viejas o ropa que me daba vergüenza usar si no era para estar con vos en casa.
Me empecé a preguntar porque necesitaba tanto dormir con vos y que significaba dormir sola porque siempre lo hice, no tengo hermanos y nunca compartí mi habitación, pero con vos la cama nunca quedaba chica porque yo siempre me podía acomodar en un rincón para que puedas dormir boca arriba aunque a mi me quedara un pie afuera.
Todavía sigo viendo la luz del decodificador y me pregunto cuando voy a taparla aunque duerma sola o cuando voy a dejar de esperar que aparezcas por la puerta de mi habitación para que ilumines mi noche, otra vez, y yo no necesite ninguna luz ni de noche, ni en una tormenta.


